Mucho se ha escrito acerca de la historia del tango y aquello que se considera, de un modo más amplio, como música ciudadana. Sus comienzos están bien documentados, y su historia a lo largo del siglo XX y lo que va del siglo XXI conforman un tema de conversación verdaderamente apasionante.

De este modo, es posible preguntarse, ¿cuál es el lugar de esta tradición musical dentro de la identidad de la ciudad de Buenos Aires, de la cultura rioplatense y del resto de la Argentina? ¿Sigue siendo el tango una forma viva de expresión artística?

Pasado y presente

Si nos remontamos al nacimiento del tango como tal, podemos ver, claramente, tres tradiciones culturales que conspiran para permitir su aparición y apogeo. Estas tres líneas son la música criolla de origen español y aborigen, la música de los descendientes de esclavos africanos y los diversos aportes de las olas migratorias que llegaron a la región entre finales del siglo XIX y comienzos del XX.

Lo que comenzó siendo una expresión cultural propia de las clases subalternas, especialmente en los arrabales de una Buenos Aires que estaba creciendo de manera vertiginosa, fue poco a poco ingresando en las esferas más acomodadas de la sociedad de la época. Sin duda, el rápido ascenso del tango en las primeras décadas del siglo pasado es un fenómeno verdaderamente fascinante.

Aunque sus orígenes se vieran un tanto opacados, especialmente el elemento proveniente de la cultura africana, el tango logró incorporarse a la cultura popular argentina y uruguaya de manera orgánica.

Su camino a lo largo de sus más de cien años de historia, lo muestra como un elemento de la cultura rioplatense que sigue vivo. Hoy en día, el tango mantiene su vigencia con el regreso de las milongas, las orquestas típicas, y las diferentes fusiones con otras tradiciones musicales de la mano de las generaciones más jóvenes.