El tango fue la música urbana por excelencia en Buenos Aires durante la primera mitad del siglo XX. Sin embargo, desde la década de 1960 en adelante, la preponderancia del tango fue disminuyendo con los cambios demográficos y socio-culturales de la ciudad.

De ese modo, el tango fue perdiendo su vigencia, especialmente, entre las generaciones más jóvenes que fueron abrazando nuevos géneros como el rock, el pop, la cumbia o la música electrónica.

Hacia los años noventa, el tango era, en gran medida, una reliquia cultural del pasado, respetada pero en peligro de desaparecer. Sin embargo, con el cambio de siglo la juventud comenzó a volver al tango y con ella volvieron las orquestas.

Las milongas y el regreso de la orquesta típica

Durante su época de esplendor, el tango estuvo dominado por las orquestas típicas. Cada una tenía su propio sello estilístico y las había, tanto en Buenos Aires, como en remotos pueblos del interior del país. Sin embargo, aquellas fueron desapareciendo según pasaban los años.

Todo cambió con el renacimiento de las milongas en la capital argentina. En buena medida, relacionado con la gran crisis del año 2001, el retorno de las viejas milongas porteñas se dio de la mano de una nueva generación que vio en ellas un espacio tanto de recreación como de comunidad y afirmación de su identidad.

La gran explosión de milongas se dio durante la primera década del siglo y no ha mostrado signos de decaer. Así ha nacido un verdadero circuito en la ciudad, donde se encuentran jóvenes entusiastas, bailarines de la tercera edad e incluso, turistas internacionales que se acercan a curiosear este fascinante mundo.

De la mano de las milongas volvieron también las orquestas. Alguna vez caracterizadas por la avanzada edad de sus integrantes, hoy en día, las orquestas combinan miembros de todas las edades, incluyendo muchos jóvenes y muchas instrumentistas mujeres, algo que no era muy común durante la época de oro del tango.