Admirado por los amantes de la música ciudadana y la canción criolla, Ignacio Corsini es una de las joyas ocultas de la cultura rioplatense de comienzos del sigo XX. Aunque su voz no sea hoy en día tan popular como la de Carlos Gardel o Julio Sosa, su enorme talento conforma uno de los legados más importantes de la música de Buenos Aires.

HIstoria de inmigrantes

Nacido en Sicilia como un humilde huérfano, Corsini llegó a la Argentina con apenas diez años de edad en el nacimiento del siglo, al igual que otros cientos de miles de inmigrantes que arribaban a las costas del país buscando un futuro prometedor. Vivió por un tiempo en la localidad de Carlos Tejedor, donde se embebió de la cultura musical criolla, pero su hogar estaría en el barrio porteño de Almagro.

Comenzando su carrera en el circo, Corsini no tardaría en destacarse como cantor, una actividad que lo lanzó al estrellato nacional, cumpliendo de ese modo el anhelado sueño del inmigrante pobre que triunfa en un nuevo mundo.

Una carrera brillante

Ignacio Corsini se dedicó a cantar tangos y sería una de las figuras centrales durante la gran explosión del género en las décadas de 1920 y 1930. Fue amigo cercano de Carlos Gardel, con quien llegaría a trabajar en múltiples ocasiones, tanto en grabaciones como en el cine.

Sin embargo, Corsini no es solamente recordado por sus tangos. Gracias a su formación en el circo criollo y en la música de raigambre más rural, especialmente como payador, Corsini utilizó su suave voz de tenor para destacarse en todo tipo de géneros, convirtiéndose de ese modo en un verdadero intérprete bisagra entre la nueva música ciudadana y las tradiciones gauchescas. Dejó un legado de más de seiscientas grabaciones, que constituyen un verdadero tesoro de la música porteña.